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El objetivo de esta ponencia es revisar la situación actual de la Atención Temprana desde un punto de vista teórico y observar como se concretan estas aportaciones en los Servicios Específicos para niños ciegos y de baja visión en España.
En un primer momento los programas de Atención Temprana se dirigieron a niños de alto riesgo ambiental, niños sometidos a la influencia desfavorable del entorno al pertenecer a sectores marginados de la población. Y, también a aquellos otros con factores de riesgo biológico probable (niños prematuros, de bajo peso,...) o con un déficit establecido (parálisis cerebral, síndrome de Down, ceguera, ...).
Hoy dentro del contexto de las definiciones establecidas de "déficit", "Discapacidad" y "minusvalía"; los niños de alto riesgo social en los cuales indudablemente puede llegar a instaurarse una discapacidad, se tiende a que sea incluidos en programas de prevención primaria dentro de una política general de protección a la infancia. Considerándose la Atención Temprana como prevención secundaria, es decir, actúa una vez que existe el déficit para evitar la discapacidad, disminuir sus efectos y/o evitar discapacidades añadidas. Se incluyen también aquí los niños de alto riesgo biológico (niños prematuros, de bajo peso,...)
El hecho de poner el principal énfasis de la intervención, en un primer momento, en el tratamiento dirigido exclusivamente al niño; hizo que esta consistiera fundamentalmente en un programa organizado de enriquecimiento, diseñado para proporcionar actividades adecuadas a los niños de riesgo o a los niños deficientes, cuyo desarrollo podía verse afectado por diversas causas. De ahí que la mayoría de los programas se destinaran a enseñar al niño habilidades nuevas, que en los primeros meses se centraban principalmente en un entrenamiento sensorio-motor.
Sin embargo, las nuevas aportaciones teóricas en que se apoya la aplicación práctica de los programas de atención temprana ponen de relieve otros aspectos , como son: el ajuste familiar, los patrones de intervención, el diseño del ambiente físico del hogar, los aspectos relacionados con la salud del niño. Etc. De ahí que el tratamiento no pueda dirigirse tan solo al niño, sino que las actuaciones deberán encaminarse al niño, a su familia y a la comunidad.
Se abandona por tanto el modelo "clásico" de tipo rehabilitador, para adoptar uno nuevo de corte psicopedagógico en el que se trata al niño como una unidad global; con dificultades y potencialidades, siempre en interacción con el medio. El tratamiento tendrá un enfoque multidisciplinar, destacando el trabajo a realizar por los padres, tanto a nivel de orientación como de apoyo para poder interactuar mejor con su hijo. También en este contexto se incluirá el apoyo a su Integración en la Escuela en el momento considerado como más oportuno.
De un método de enseñanza basado en la imitación y en el que ha de utilizarse un material específico con unos refuerzos concretos, generalmente en un ambiente restringido (gabinete o aula); pasamos ahora a considerar que el medio propio en el que se desenvuelve el niño , salvo en el caso de deficiencias ambientales, tiene resortes suficientes para facilitar el aprendizaje. Las actividades por tanto han de ser funcionales, utilizándose los objetos cotidianos y reforzándose los aprendizajes con las consecuencias naturales de las acciones que los propios niños realizan. Esto se encuadra dentro del denominado "modelo ecológico".
Este modelo ecológico está
basado en diversas teorías, como recoge I. Candel (1993):
- El modelo transaccional
de Sameroff y Chandler (1975): las acciones hacia el medio y las reacciones
de éste, que a su vez provocará una nueva acción y así sucesivamente, son
lo que favorece el desarrollo. En este contexto cobra especial importancia
la interacción padres- hijo y, tiene presente el intercambio continuo y
dinámico que se da en esta relación.
- La teoría de los sistemas
ecológicos de Bronfenbrenner (1979): los marcos ecológicos y las unidades
sociales, así como las personas y los acontecimientos dentro de ellos,
no operan aisladamente, sino que cada uno influye en el otro, tanto directa
como indirectamente, de manera que los cambios en una unidad o subunidad
repercuten e influyen en los miembros de otras unidades (Nunset y Trivestte,
(1988)
- La teoría sobre la modificabilidad
cognitiva estructural de Feuerstein y otros (1980): mediante una intervención
sistemática se pueden efectuar cambios de naturaleza estructural que pueden
modificar el curso el curso del desarrollo cognitivo. Con todo, los estímulos
serán siempre graduales y adecuados a la maduración del niño; teniendo
en cuenta además que puede alcanzarse un mismo objetivo a través de actividades
distintas, por lo que habrá que buscar las que llamen más su atención y
se adapten mejor a sus necesidades.
De todo lo visto hasta ahora se deduce la complejidad en el establecimiento de un Programa por los distintos enfoques que se le pueden dar, y la dificultad añadida de no poder tener en la mayoría de los casos los resultados obtenidos un tratamiento de tipo experimental.
Podemos resumir los principales objetivos de un programa de atención temprana en:
1º Elevar al máximo los progresos
del niño para lograr su independencia en las distintas áreas del desarrollo.
2º Mantener al niño en el
contexto familiar, ayudando a los padres y a toda la familia (información
y apoyo).
3º Emplear estrategias de
intervención de una forma ecológicamente relevante, evitando fórmulas demasiado
artificiales.
En general, para los niños con minusvalías documentadas, como es el caso de la ceguera, la perspectiva del desarrollo y los problemas potenciales a los que deben hacer frente ellos y sus familias, ofrecen un valioso marco para dirigir el desarrollo de programas y estrategias específicas de intervención.
En un plano más concreto,
los servicios de Atención Temprana específicos para ciegos en España se
encuadran en un marco mixto educativo-terapéutico. Las dificultades que
impone la ceguera al niño en sus primeros años en relación con el conocimiento
del mundo exterior como en la diferenciación de sí mismo respecto a aquel,
hace que sea necesario tener un especial cuidado para evitar el encerramiento
en sí mismo y que pueda llegar a provocarse en los casos más graves una
desestructuración de su personalidad o caer en un tipo de psicosis característica,
algo relativamente habitual en esta población.
Existen equipos específicos
dependientes de los Centros de Recursos de la ONCE, aunque pueden estar
en convenio con otras Instituciones. Estos equipos, formados por diversos
especialistas, junto a las funciones de atención directa al niño, a su
familiar y en su momento ala escuela ; por el grado de su especialización
llevan a cabo otras tareas como investigación, docencia, divulgación y
muy especialmente asesoramiento a otros profesionales que atienden a niños
ciegos o con baja visión , bien en Centros de Estimulación (caso de los
plurideficientes) o a otros equipos específicos cuyos profesionales atienden
casos en el área de influencia del C.R.E. y resulten especialmente difíciles.