Home| Keynote Speeches| Workshop Papers| Other Documents
0. INTRODUCCION
Los Servicios de Baja Visión
o de Rehabilitación Visual, suelen representar tanto para las familias
como para los profesionales, un lugar dónde buscar respuestas y
soluciones para la compleja problemática que presenta el niño
con resto visual. Las expectativas suelen ser muy altas, pues hemos de
tener en cuenta que hasta hace poco tiempo resultaba muy difícil
encontrar recursos y orientaciones para el uso de la visión en buenas
condiciones.
El trabajo de los especialistas
de baja visión, no debe constituirse en una parcela aislada del
ámbito educativo o del resto de circunstancias que rodeen al niño,
pero, ¿pueden atenderse desde un servicio especializado todas las
demandas que a menudo se realizan? ¿Es posible, desde nuestro ámbito,
proporcionar información útil para todos los profesionales
y sobre todo, prever el futuro funcionamiento visual del niño? ¿Qué
características debe reunir el niño para ser un buen usuario
de ayudas ópticas? ¿Resuelven estos instrumentos todas las
necesidades que va a tener el alumno en su vida escolar? ¿Qué
dificultades encuentra en la escuela?
En definitiva, ¿responde
la Rehabilitación Visual a las expectativas que tiene el niño,
la familia y sus profesores?
Pretendemos en este trabajo
analizar las actuaciones que se realizan desde el servicio especializado
de baja visión, y proponer criterios que puedan configurar líneas
de actuación coherentes.
1. AREAS QUE SE ABORDAN DESDE
EL SERVICIO ESPECIALIZADO DE BAJA VISIÓN.
Fundamentalmente, los aspectos
que abordamos se resumen en dos áreas: las valoraciones-diagnóstico
del funcionamiento visual y la prescripción de ayudas ópticas.
Vamos a analizar a continuación estas intervenciones.
1.1. La valoración-diagnóstico
del funcionamiento visual.
Este tipo de valoraciones
tienen como objetivo determinar cuidadosamente el resto visual del niño
y el uso que está haciendo de él. Es una característica
básica de las personas con baja visión su gran variedad,
no hay dos personas con resto visual igual, la misma patología,
idéntico grado de afectación y parecida evolución,
que den como resultado las mismas formas de funcionamiento. Por esa razón,
el examen, comprende tanto la evaluación clínica como la
funcional.
Pero como suele ser habitual
en las evaluaciones formales, tiene muchas limitaciones, que se pueden
concretar en:
- La colaboración
para extraer información útil no siempre es óptima,
pues hay que tener en cuenta que el sujeto evaluado es un niño.
- Los maestros suelen tener
muchas dudas e inquietudes sobre el funcionamiento visual de su alumno
y esperan obtener una respuesta que les permita tranquilizarse y poder
abordar su trabajo de forma más segura. A través de una valoración
de este tipo, no podemos pretender ofrecer una "receta" con la que el maestro
pueda resolver toda la problemática que presenta el niño.
Para llevar a cabo una buena
valoración, es necesario:
- Disponer de la información
previa que puede recoger el maestro a través de la observación
en el entorno más próximo al niño: el ámbito
escolar. Se pueden deducir muchas cosas por el modo en que se comporta
el niño cuando utiliza su visión. La respuesta en el trabajo
escolar es determinante: inseguridad al realizar las tareas óculo-manuales,
tamaños de letra que utiliza, manifestación rápida
de cansancio, altibajos en el uso de la visión, etc...
- Así mismo, hay
que animar al alumno para que sea capaz de explicar cómo ve, qué
cosas le resultan posibles y cuáles no puede hacer.
Sólo de esta forma,
conjugando estos datos obtenidos con el nivel de incapacidad que se obtiene
a través de la evaluación clínica, podemos contar
con un buen punto de partida. Pero hay que tener en cuenta que la evaluación
no es el final, sino que todo el proceso empieza a partir de la información
obtenida y será necesario:
- Incidir en el funcionamiento
visual del niño, animándole para que supere sus dificultades
en el uso de la visión.
- Informar a la familia.
- Trasladar al ámbito
escolar todas las recomendaciones, para que se puedan entender las características
tan específicas de su funcionamiento cotidiano del niño.
La valoración debe
repetirse periódicamente, para reconfirmar los resultados y analizar
los avances en el funcionamiento visual del escolar.
Cuando el niño presenta
otras deficiencias asociadas, la evaluación se complica mucho más,
porque es muy difícil determinar la causa por la que el niño
no interpreta objetos y dibujos, por qué no tiene estrategias de
exploración y búsqueda y por qué no es capaz, en definitiva,
de extraer una información válida de lo que mira. El hecho
de que tenga un problema visual, condiciona, y no siempre acertadamente,
a pensar que ese es el motivo.
La evaluación funcional
del resto de visión no resulta fácil; los niveles de colaboración
son mínimos, el niño mantiene su atención durante
períodos muy cortos, aparece pronto el cansancio y es preciso realizarla
en varias sesiones. Los resultados de la valoración, se ven así
mismo alterados por ésta se realiza fuera del contexto habitual
del alumno.
En este sentido, las conclusiones
que mediante la observación cotidiana pueda extraer el profesor-especialista
en deficiencia visual, proporcionan información concreta y real
sobre el funcionamiento y las posibilidades visuales del niño, aunque
tienen el incoveniente de que no se pueden cuantificar con cifras concretas.
Del mismo modo, los padres tienen la oportunidad diaria de observar cómo
funciona el niño en las diferentes situaciones que se producen en
el hogar.
1.2. El programa de Rehabilitación
Visual: prescripción de ayudas ópticas y no ópticas
en niños.
El programa de Rehabilitación
Visual, tiene como objetivo la prescripción de ayudas ópticas
y no ópticas para optimizar el resto visual de la persona. La prescripción
de ayudas ópticas en niños, presenta una serie de aspectos
específicos que no podemos olvidar, y no se puede precisar la edad
cronológica que sirva de referencia exacta para iniciar al alumno
en su uso.
No obstante, hay una serie
de factores que es necesario tener en cuenta al planificar el programa:
- En ningún caso
va a ser un trabajo definitivo. Establecer objetivos para un niño
es muy complejo, ya que, por un lado, el nivel de necesidades es muy amplio,
por otro es progresivo, pues va cambiando conforme el niño avanza
en su etapa escolar. Por eso debe empezarse por materiales sencillos que
permitan realizar las tareas del momento e ir adaptando las prescripciones.
- Los maestros deben ayudar
a situar las demandas.
- Es muy importante la opinión
del propio alumno.
Por otro lado, antes de
prescribir ayudas ópticas a un niño, deberíamos:
- Examinar cuidadosamente
su nivel de percepción visual. Es fundamental que el niño
haya sido estimulado visualmente y que los niveles sean adecuados, pues
las ayudas aumentan el tamaño de lo que se está mirando,
pero esto no sirve para nada si el niño no es capaz de interpretar
lo que ve y cuando su resto de visión no le sirve como vía
perceptiva de reconocimiento y discriminación de la imagen que recibe.
- El momento de la adquisición
de la lecto-escritura, suele ser el más adecuado, porque el niño
puede usar estos instrumentos con un propósito muy concreto y motivante
para él. No obstante, hay que señalar que el aprendizaje
de la lecto-escritura, no es posible con las ayudas óptica, que
supondrían una dificultad añadida para el aprendizaje.
- Para utilizar ayudas ópticas,
se precisa de una serie de habilidades que se relacionan con la reducción
de campo, como son la exploración, el rastreo, el seguimiento, el
cambio de renglón, etc...
- La introducción
de estos instrumentos en el aula, supone una evidencia del problema, que
hasta entonces se ha podido "disimular". Este es un aspecto a velar: el
niño debe conocer y aceptar las diferencias que produce el déficit.
- El niño tiene que
"necesitar" la ayuda, pues de lo contrario, hay pocas posibilidades de
que la utilice.
Así mismo, resulta
necesario plantear si existen ayudas ópticas que sean más
adecuadas para los niños. En nuestra opinión:
- Deben ser muy sencillas
y fáciles de manejar.
- Es importante que sean
muy funcionales: el niño tiene que encontrarse un sentido práctico
a su utilización.
- Las ayudas no ópticas
deben introducirse desde las primeras etapas de la escolarización.
Las mesas con tablero abatible y los atriles resultan muy cómodos,
porque permiten trabajar a distancias muy cortas en una posición
correcta. La iluminación más conveniente, evitando sombras
y deslumbramiento también es fundamental.
- Es posible utilizar cualquier
ayuda óptica con niños, siempre que les resulte gratificante
y que el nivel de adaptación sea bueno.
La información del
entorno que pasa desapercibida cuando existe un problema de visión,
es mucho mayor en distancias lejanas que cercanas, por eso el telescopio
debería ser una de las primeras ayudas a introducir. Además,
en la escuela ordinaria se utiliza mucho la pizarra y los materiales visuales
(mapas, diapositivas, video, etc..) y el telescopio monocular puede representar
una gran ayuda en este tipo de actividades, aunque no podemos pensar que
el problema quede definitivamente resuelto con este instrumento.
- El niño debe conocer
muy bien la ayuda óptica, saber qué puede y que no puede
hacer con ella y cómo debe hacerlo.
Por otro lado, lo más
importante es que el niño utilice las ayudas ópticas en su
aula. Hay algunos aspectos que pueden garantizar que esto se produzca satisfactoriamente:
- Los compañeros,
deben conocer su problema y saber para qué sirven sus materiales
específicos.
- Los maestros deben favorecer
y potenciar el uso de las ayudas ópticas.
- Nuevamente insistimos:
el alumno debe estar convencido de la utilidad del material que se le ha
prescrito.
En ningún caso, la
realización de las diferentes tareas con instrumentos ópticos
se hará en las mismas condiciones que cuando la visión es
normal. Esta afirmación es tan evidente que quizás no haría
falta detenerse en este aspecto, pero con frecuencia, algo que para los
profesionales de la deficiencia visual es tan evidente, puede ser olvidado
por el entorno, que deforma la información que obtiene pensando
que con las ayudas ópticas la visión mejorará, normalizando
su funcionamiento. Los dispositivos ópticos facilitan la realización
de algunas tareas concretas, pero el niño deberá habituarse
a distancias más cortas, campos más reducidos, distancia
fija...
El modelo de intervención que podría ser más adecuado, se recoge en el gráfico nº 1.
2. EL PAPEL DE PADRES Y MAESTROS.
La actitud de la familia
y su colaboración, van a repercutir de una forma u otra en el funcionamiento
visual del niño.
En principio, hay que tener
en cuenta que la familia suele estar muy angustiada y plantea muchas dudas
que desde el servicio especializado y con la colaboración del profesor
itinerante, hay que resolver. Hay que ofrecer una respuesta adecuada a
preguntas del tipo ¿por qué no lleva gafas el niño?,
¿es malo acercarse?, ¿no empeorará su visión
por esforzarse en usarla?
Una vez superados todas
estas dudas, la familia debe tener un papel protagonista, alentando al
niño para que pueda desarrollar aficiones y juegos utilizando su
resto de visión. Este es un aspecto muy importante, que puede resolverse
con prescripciones ópticas en muchos casos.
Así mismo, todos
los profesionales, deben implicarse en los procesos de evaluación
y rehabilitación visual, pues son una pieza clave para conseguir
los objetivos previstos en cada momento. Es preciso que analicen con la
máxima amplitud, toda una serie de aspectos que pueden modificar
de una forma u otra el funcionamiento visual del alumno y que son:
- La motivación.
El niño debe tener interés en utilizar su visión.
Este es un requisito fundamental antes de que el niño pueda llevar
a cabo su programa de Rehabilitación Visual.
- Nivel de habilidades y
destrezas necesarias para el uso de ayudas ópticas. El maestro debe
fijar objetivos concretos y flexibles en estas áreas que garanticen
el uso posterior de los materiales.
- Incorporar las ayudas
ópticas a la situación real en el marco escolar. Es preciso
que el maestro incida en la utilización e incorporación de
los materiales y que intervenga cuando se presentan problemas de acptación,
actitudes negativas, etc...
- Ayudar a centrar las demandas
que tiene el niño. En este sentido, sin embargo, hay que intentar
evitar la subjetividad y recoger exactamente la realidad del escolar.
- Otro elemento fundamental,
es evaluar los aspectos ambientales y la situación del niño
en el aula.
3. CONCLUSIONES Y DISCUSION.
Los Servicios especializados
de Baja Visión, deben estar a disposición de la educación
del niño deficiente visual, con todo lo que ello implica. Su utilización
debe establecerse en función de las necesidades y planteando demandas
concretas que puedan atenderse por parte de los profesionales que trabajan
cotidianamente y de la familia que conoce su problemática diaria.
Así pues, entendemos
que desde la perspectiva técnica de este tipo de trabajo, puede
darse una respuesta satisfactoria, tanto en la valoración-diagnóstico
como en la prescripción de ayudas ópticas, siempre y cuando
se entienda cómo un recurso y no como un lugar donde buscar respuestas
y soluciones definitivas para la compleja problemática que presenta
el niño con baja visión y como ya se ha dicho, que la demanda
sea producto de la reflexión sobre la necesidad existente de este
tipo de intervención.
Por otro lado, consideramos
que puede ser muy útil la información que podemos proporcionar,
tanto para confirmar las características del funcionamiento visual
del niño cómo para prever el funcionamiento futuro.
Hay que analizar individualmente
cada caso a la hora de pensar en la utilización de ayudas ópticas
con niños, y sobre todo, mentalizar a padres y a profesionales de
que estos instrumentos no van a resolver por sí solos todas las
necesidades que va a tener el almno en su vida escolar. La flexibilidad
y velar la utilización de estos instrumentos en el ámbito
escolar, es la única garantía para que el niño no
se sienta fracasado y pueda realizar las tareas escolares de la forma más
cómoda posible.
Nuestras propuestas concretas
para que todo esto se lleve a cabo, son las siguientes:
- Trabajar coordinadamente
y seguir conjuntamente el proceso del alumno.
- Utilizar otro tipo de
recursos paralelamente, siempre que sea necesario.
En definitiva, lo más
importante es que el niño con baja visión utilice su visión
hasta el límite de sus posibilidades, que cuente con los recursos
necesarios para ello y que pueda desenvolverse con plena autonomía
en su vida de escolar y en el futuro como adulto, y para ello, todos debemos
tomar conciencia de que nuestras actuaciones van a condicionarle en todo
el proceso.
MODELO DE INTERVENCIÓN
ESTIMULACIÓN VISUAL
VALORACIÓN-DIAGNÓSTICO
PROBLEMAS FUNCIONA-
LES EN LA REALIZA-
CIÓN DE TAREAS.
TOMA DE CONCIENCIA
RESOLUCIÓN DEL PROBLEMA
. Ayudas ópticas.
. Ayudas no ópticas.
. Estrategias.
. Movilidad.
. Etc...
INTERVENCION EDUCATIVA
. Incorporación de
la ayuda.
. Aceptación.
. Modificación del
ambiente.
. Etc...
Gráfico nº 1
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
- BASTERRECHEA, P. y MATEY,
M.A. (1.994). Los programas de Rehabilitación Visual en el ámbito
de la Rehabilitación Básica. Comunicación presentada
en el Congreso Estatal sobre Prestación de Servicios para Personas
Ciegas y Deficientes Visuales.
- VILA, J.M. y otros (1.994).
Apuntes sobre Rehabilitación Visual. O.N.C.E.
- BARRAGA, N. (1.986) Textos
reunidos de la Dra. Barraga. O.N.C.E.