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"PRIVILEGIAR LA NIÑEZ"

(Valor del Juego Simbólico en niños sordociegos. Su implementación)

La sordoceguera es una entidad clínica de naturaleza única que no consiste simplemente en la sumatoria de la sordera y la ceguera. El niño sordociego es aquel que no posee los dos sentidos: vista y oído, que permiten la contactación a distancia con el mundo.
Conserva el gusto, el olfato, los sistemas propioceptivo y vestibular. Sentidos que alcanzan el objeto cercano pero nunca al lejano.
Estos niños presentan características diferentes si el déficit es total o parcial en ambos o en uno solo de los sentidos y de si la discapacidad es congénita o adquirida.
Cuando se hace referencia a estos niños con graves alteraciones viso-auditivas generalmente se olvida la niñez privilegiando la patología.
El denominado "principio de normalización" puede proporcionarnos alguna ayuda. Este principio, lejos de negar la patología hace hincapié en una educación integral que considera al niño primero y ante todo como niño, luego su déficit.
En el ámbito de la Educación Especial este principio de normalización se realiza a través del curriculum considerado en un sentido amplio que, a diferencia de la educación tradicional, prioririza los procesos mentales y el desarrollo de las habilidades que luego pueden ser empleadas en actividades significativas de la vida diaria.
El diseño del curriculum debe ser un proceso de creación que ofrezca una gran diversidad de alternativas hacia quienes va dirigido.
Si bien la sordoceguera presenta una especificidad clínica y por ende recursos técnico-pedagógicos propios, a la luz del denominado principio de normalización debemos considerar, ante todo, la singularidad de cada caso privilegiando la niñez sobre la patología.
Tomando la educación en un sentido amplio basamos el curriculum donde la educación se vehiculiza, fundamentalmente en dos ejes:
A. La Comunicación.
B. El Juego.

A. La Comunicación.
La sordera es un handicap sensorial: el auditivo, que dificulta el acceso al lenguaje.
El lenguaje representa la forma más alta de una facultad inherente a la condición humana: la facultad de simbolizar. El lingüista, además, estima que no existe pensamiento sin leguaje; pensemos, entonces, qué sucede con el niño sordo que no puede acceder al mismo si no lo habilitamos en una lengua.
Todo niño trae en sus genes la posibilidad de desarrollar la función del lenguaje, es decir, que el niño sordo está equipado biológicamente como el oyente y el no oír es una insuficiencia puramente instrumental, siendo la mayor dificultad para el niño sordo el no acceso a la sustancia sonora del lenguaje, ya que según la severidad de la sordera no podrá arribar a los modelos fónicos del oyente.
La discapacidad que conlleva la sordera podría ser superada o atenuada al poner al alcance del niño sordo una lengua válida para él, ya que el niño sordo es, como el oyente, un gramático por excelencia.
Cuando un niño sordo es expuesto a la Lengua de Señas adquiere este lenguaje según las mismas reglas (formales y funcionales) con las cuales un niño oyente adquiere la lengua oral.
No deberían atribuirse a factores etiológicos, causales de la deficiencia auditiva, consecuencias de otro orden (especialmente socio-cognitivas y socio-lingüísticas). Sin embargo, si no se ofrece al niño una interacción comunicativa precoz, el futuro desarrollo puede verse comprometido. Se han desarrollado investigaciones que han intentado evaluar algunas capacidades cognitivas (como el juego y la formación de conceptos) en su relación con el contexto comunicativo donde tales capacidades se forman habitualmente. Así, por ejemplo, el uso simbólico del objeto es siempre más evidente en el caso de que se trate de una actividad de contexto social que de una actividad de contexto individual.
Si bien la interacción socio-cognitiva es fundamental para el proceso de construcción intelectual, no podemos dejar de plantear que realizar esta tarea con niños afectados con doble patología es una tarea dificultosa pero no imposible.
Respecto a la Lengua de Señas debemos aclarar que para el niño sordo sin restos visuales, ésta deviene en Lengua de Señas en contacto. El espacio viso-gestual se transforma así en espacio cinestésico.
También debemos señalar que el niño sordociego pierde la metaforización que los gestos y la expresión facial tienen para el niño sordo que ve.

B. El Juego. Espacio de juego. Espacio de aprendizaje.
El saber se construye apropiándose del conocimiento del otro y esta operación sólo puede hacerse jugando.
Aquí encontramos una de las intersecciones entre el aprender y el jugar.
Para construir el saber, para apropiarse del conocimiento debemos jugar con la información como si fuera cierta y como si no fuera cierta; proceso que posibilita la transformación del objeto por el sujeto y a su vez el sujeto se deja transformar por la entrada de ese objeto.
Nuestros niños presentan generalmente un déficit en el jugar en correlación con un déficit en el aprendizaje que muchas veces se constituye en pseudo aprendizaje o deviene esterotipia.
Comprobamos que al instrumentar el juego, los diferentes espacios institucionales (hora de juego; taller de dramatización, etc.) se fueron modificando la rigidización y/o esterotipia de ciertas modalidades de aprendizaje.
Consideramos el juego como constituyente y constitutivo de su organización psíquica.
"Saber" y "no saber" es ése el nudo estructural del juego en la infancia; el niño, por un lado sabe que está jugando pero por otro, cree en lo que está realizando.
Si el jugar es constitutivo en la infancia ¿cómo favorecerlo en nuestros niños?
Con frecuencia observamos en los niños una modalidad atípica de acercamiento a los objetos; las manipulaciones, por lo general, son estereotipadas, presentando la forma de reacciones circulares pero diferenciándose de las mismas en que no se ligan al desarrollo cognitivo. De esta manera se observa una pseudo circularidad que consiste simplemente en mover repetitivamente el objeto quedando el niño adherido al estímulo sensorial (táctil, propioceptivo, etc.) que éste produce.
En el proceso de constitución y desarrollo del niño sordociego presenciamos a menudo un déficit en el jugar, observable, por ejemplo, en fallas de la exploración táctil, visual (cuando hay resto) del objeto al que ponen, sacan, tiran, no pudiendo en algunos casos, o resultándoles muy difícil en otros, ordenar las acciones necesarias para llegar a un fin.
A veces logran la representación lúdica de una escena, pero no pueden dinamizarla metonímicamente. Por lo tanto, aquello que los niños normales despliegan espontáneamente en sus juegos, en el caso de nuestros niños hay que generarlo ¿cómo?
No se trata de re-forzar re-educativamente con nociones carentes de sentido para el niño ya que no sólo imposibilitará el verdadero juego sino que además entorpecerá el proceso de aprendizaje; tampoco se trata de abstenernos de toda intervención.
El juego es posibilitador del aprendizaje de ciertas nociones cognitivas, pero esto no implica un encuentro casual con el objeto de conocimiento; debeoms brindarle cierta ayuda en el armado de escenas lúdicas, para que a través de juegos no estructurados, estructurados, reglados (cuando el nivel del niño lo permita) el niño pueda tomar nuestras ofertas instrumentales y cognitivas e incluirlas espontáneamente en sus juegos.
1No intentamos hacer un análisis cuantitativo de resultados, sino fundamentalmente cualitativo, ya que al trabajar con niños con doble patología sensorial, el tamaño de la muestra es limitado.
1Con el objetivo de que la exposición sea más clara haré recortes de sesiones de juego de uno de los niños. Este niño llamado Alfonso tiene actualmente 12 años, presenta sordera bilateral profunda y disminución visual, ésta consiste en ceguera en un ojo y visión tubular en el otro.
1Cuando abrimos el espacio de juego, Alfonso "chupaba" todos los juguetes y tiraba todo lo que encontrase, transformando el gabinete en un caos. Sin embargo, se mostraba muy interesado por los colores. Traía un muestrario de pinturas, nominaba los colores conocidos y preguntaba el nombre de los no conocidos. Perseveraba en esta actitud. No sólo en la hora de juego, sino también en los otros espacios institucionales (aula, recreo, etc.).
1Podría decirse que quedaba viciosamente adherido a la cartilla de colores. Nuestra pregunta era entonces ¿cómo transformar esta actividad repetitiva en juego?
1Le ofrecimos témperas, rodillos, pinceles, con los que comenzó a pintar indiscriminadamente puertas, paredes, pisos, hojas y también nosotras terminábamos "pintadas". No podemos decir que en ese momento él jugaba a "ser pintor", éste no era un juego de roles, él no jugaba a ser "otro" que pintaba, sino que el que pintaba era él mismo.
1También se mostraba muy interesado en sacar fotos. Lo ayudamos a armar una máquina de fotos con ladrillitos de encaje. Al principio, no tener el elemento real lo enojaba mucho, parecía no entender la propuesta "jugar a sacar fotografías", pero poco a poco fue sustituyendo el objeto real por el objeto creado.
1Pasó, de esta manera, de una acción funcional de primer orden, hasta lograr la adquisición de una nueva funcionalidad: crear un objeto capaz de representar algo. A través de estas acciones pudo ir armando paulatinamente, por encima de las reperesentaciones que podríamos denominar "literales" o "realistas" de las cosas, otras representaciones de segundo orden que implicaban la configuración de un mundo de ficción.
1En otra etapa jugará a sacar fotos sólo con el movimiento de sus manos, ya no es necesaria la máquina de juguete aunque siga usando ambas modalidades de juego. Luego incorpora el juego de "filmar".
1Desde el punto de vista psíquico podremos afirmar que en este niño con graves dificultades visuales hay un inmenso placer en "mirar" y "ser mirado" que permitió el despliegue de actividad lúdica "pintar", "sacar fotos", "filmar", donde la función visual aparece privilegiada.
1Otro dato interesante es cómo, desde el lugar de su constitución subjetiva, este niño pudo inscribirse como sordo. Ejemplificaremos esto para que resulte más claro.
En esta "hora de juego "pudimos observar la siguiente secuencia: desde el punto de vista de la estructura de las acciones, éstas consistían (recuérdese que se trataba de un niño de 12 años) en un sólo acto simbólico: "pintar", "sacar fotos", "filmar", "recibir llamados"; luego pasó a realizar, con los mismos objetos, varias acciones simbólicas, pero sin concatenación lógica entre sí.
Últimamente ha logrado secuenciar acciones, dando paso al "papel" o "juego de roles".
En una hora de dramatización, con sus docentes, hago la siguiente observación. Previamente a esta situación lúdica, Alfonso había visitado, con la fonoaudióloga y su terapeuta, un canal de televisión. El pedía volver con mucha insistencia. sus docentes le proponen, entonces el "juego del noticiero". (Alfonso comparte este juego con otro niño). Arman un "espacio televisivo" con elementos reales y simbólicos. En un pizarrón dibujan el logo de América TV que Alfonso cambiará luego por el de A.T.C.
Arman la escena con una mesa, dos sillitas, un vaso de agua sobre la mesa, auriculares y micrófonos reales, también le ofrecen una filmadora y un micrófono armados con ladrillos de encaje. Alfonso puede pasar del objeto real a la representación de objetos; también juega al "como si"; "hace que escribe", "hace como si tomase agua", "hace que habla"(moviendo la boca y emitiendo algunos sonidos). Luego hace juego de roles, es el que filma, el locutor, el entrevistador, luego el entrevistado, intercambiando sucesivamente los roles con sus docentes y su compañero.
1Este niño ha pasado por los distintos momentos evolutivos del juego por los que pasa cualquier niño aunque en otro momento de su edad cronológica.
1Estamos pensando en este momento que nuestra próxima intervención consistirá en ofrecerle juegos reglados.
Hemos visto cómo haber tomado el juego como eje de nuestra práctica posibilitó cambios no sólo a nivel cognitivo sino en su subjetividad.
Es que, en la infancia, el juego es el modo de comunicación y de aprendizaje por excelencia. La manera en que lo abordemos incidirá tanto en el proceso de aprendizaje, en la modalidad educativa del niño sordociego, como en su ordenamiento simbólico, en su constitución psíquica.

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