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Tema 6:

Organización y administración de servicios.

 
 

EL DESAFIO DE AVANZAR JUNTOS

 

Enrique Elissalde

Presidente

Fundación Braille del Uruguay

Unión Latinoamericana de Ciegos

 

¿Nunca hicieron la prueba de anotar el nombre, o la sigla o los objetivos de las organizaciones internacionales que operan en el área de la ceguera? Se sorprenderían de comprobar el espacio que ocuparían. Recordemos, por ejemplo, algunas organizaciones internacionales: ICEVI, Unión Mundial de Ciegos, Hilton-Perkins, Partnership Committee, Rehabilitación Internacional; IAPB...

Y, por supuesto, podemos proseguir llenando más y más espacio: Sociedad Panamericana de Oftalmología; Visión 96; Helen Keller Internacional... ¡Y todos son organismos internacionales! Ninguno es nacional.

Podríamos continuar con más y más nombres, siglas y objetivos de organismos internacionales vinculados con el área de la ceguera. Desde un punto de vista, podría pensarse que nuestra área, la de la ceguera, es fuerte, que tiene numerosas organizaciones para atender los más diversos aspectos (técnicos, funcionales, psicológicos, reivindicativos, etc.) y que agrupa tanto a profesionales, como a dirigentes, padres, especialistas en tal o cual disciplina, etc.

Pero este posible signo de fortaleza puede ser más aparente que real; puede ocurrir que falte coordinación, complementación entre tantas organizaciones.

No hay, por ejemplo, una confederación internacional que reúna a todos, sean cuales fueren sus cometidos, sus modelos, sus integrantes. Si tuviera que elegirse a una sola organización internacional que hable en nombre de todas las personas ciegas, las de baja visión, los profesionales, los padres, los maestros, los oftalmólogos, los especialistas, no sabríamos qué hacer porque ninguna de las existentes tiene la representatividad de todas las organizaciones. Claro que existen agrupamientos de numerosas organizaciones, como es el ICEVI, o la Unión Mundial, o el Partnership Committee.... Pero, si, por ejemplo, las Naciones Unidas nos solicitaran un mensaje de la totalidad de nuestras organizaciones, ¿qué haríamos? No hay una confederación que, a la vez, respete la identidad y las características propias de cada una de las numerosas organizaciones y que las exprese y represente.

Estamos todos en el área de la ceguera y la baja visión, pero no formamos una unidad, somos partes actuantes por sí mismas, cada cual con sus estructuras y sus autoridades.

Toca a su fin el siglo XX y debemos sentirnos felices de que, al menos, en los últimos cincuenta años, se crearon, fortalecieron y crecieron numerosos organismos que hoy desarrollan diversas tareas, todas necesarias y todas vinculadas con la ceguera. Pero, ¿no será el desafío que tenemos para el tercer milenio, buscar las fórmulas que, sin perder nuestra individualidad, estemos todos representados y coordinados en una macro-organización o confederación o como quiera que se le llame?

Así tendríamos varias ventajas: profesionales, padres, dirigentes y las propias personas con discapacidad visual, unidas e interactuantes, quizás, resolveríamos distintos problemas. Por ejemplo, problemas políticos y económicos. Políticos, porque no habría diferentes políticas acerca de la ceguera, ni tampoco mensajes diferentes a nuestros gobiernos, a las Naciones Unidas y a las organizaciones no gubernamentales. Económicas, porque quizás ahorraríamos en tantas secretarías, en tantas infraestructuras administrativas como hay ahora, al unificarnos.

Pero, junto a estos aspectos, nos preocupa señalar cómo se beneficiaría, y mucho, la acción sobre niños y jóvenes. Debemos admitir que la pluralidad de organismos internacionales que hoy existe, nos lleva a que unos nos preocupemos de la instrumentación funcional de niños y jóvenes, otros, en capacitarlos en algunas de las disciplinas específicas (braille, orientación y movilidad, vida diaria); otros en baja visión; otros en su recreación, etc., etc. ¿No estaremos así perdiendo la globalidad de que estamos frente a un niño, o a un joven?

Según mi formación dentro del área de la ceguera, será el aspecto que atenderé y, quizás, contra mi propia voluntad, me olvide de que ese niño, ese joven, no es solamente la parte que me corresponde a mi especialidad, sino que es un todo.

También nos preocupa que ese niño, ese joven, esté recibiendo de nosotros una imagen de sí mismo fragmentada o constituida por piezas diferentes. Por más que se avanzó, y mucho, en el trabajo inter y multidisciplinario, hemos observado disparidad en el enfoque y en la transmisión de mensajes al niño y al joven. Creemos que, psicológica y afectivamente, podemos confundirlo. En la medida en que nos olvidemos profesionales, padres, dirigentes, los unos de los otros, estaremos cerrando posibilidades y creando dependencias psíquicas y afectivas. Todos tenemos que proyectar en el niño y en el joven, la misma valoración y amor por el bastón blanco, el sistema braille, las ayudas ópticas, etc. Se trata de que el niño o el joven, encuentre la misma comprensión, las mismas exigencias, similares potencialidades en quien le enseña el braille o el uso del bastón o lo entrena en las ayudas ópticas.

Quizás, para que esto sea así, una totalidad, primero debemos, nosotros mismos, constituir esa totalidad. No podremos trasmitir lo que no somos. Y, en verdad, a veces somos sólo una parte y nos apoderamos (o queremos apoderarnos) del todo que es el niño o el joven, sólo con esa parte y para esa parte.

Todavía existen fronteras entre profesionales, padres, dirigentes, entre técnicos que ven y técnicos que no ven, entre educadores y rehabilitadores, y, más aún, entre maestros y psicólogos, entre psicólogos y psicomotricitas, entre instructores de baja visión y de ciegos totales...

No es toda la realidad así, hay excepciones, muchas y muy buenas. Pero existe, digamos, un porcentaje de personas, seguramente guiadas por las mejores intenciones, que no parecen comprender ni valorar a los demás.

Sería interesante reflexionar sobre qué posibilidades, medios, acciones, tenemos para conocernos más y para unificarnos más todos, absolutamente todos los que, de una u otra forma estamos en el área de la ceguera.

Me ha tocado participar en numerosos encuentros mundiales y siempre me resultó sintomático observar cómo compartimos el tiempo preferentemente con los de nuestra similar posición: profesionales con profesionales, padres con padres, dirigentes con dirigentes. Incluso, en el modo de sentarnos en una platea para escuchar una conferencia, advertimos que no por estar en la temática de la ceguera, todos compartimos todo, por el contrario, nos sentamos junto a aquel o aquella que es parecida o hace lo mismo que nosotros. También comúnmente escucho usar el "ustedes" para que, por ejemplo, los maestros hablen de los dirigentes, o los ciegos de los que ven y viceversa. Tenemos dificultades para usar y asumir el nosotros.

Como persona con discapacidad visual que soy, puedo asegurar y dar fe, de que no es fácil superar esta disminución. Nadie la elige, nadie la desea, nadie piensa que un día será una persona con discapacidad visual, o que tendrá un hijo en tales condiciones. Es una pérdida, como todos sabemos, que debemos vencer minuto a minuto en nuestra vida. No hay un momento único, total, decisivo en el que pueda decir, a partir de ahora superé mi disminución. No. Cada día se renueva ese tránsito para superar la diminución, porque cada día la vida nos ofrece nuevos desafíos o viejos desafíos bajo nuevas formas y exigencias.

Por lo tanto, si es posible aprender a vivir como persona con discapacidad visual y desarrollar una vida útil y activa, si ello es posible aunque demande esfuerzos y sacrificios, ¿por qué agregar más complejidades en lugar de sumar y de unirnos? Tampoco es fácil ser maestro, rehabilitador, padre, dirigente... Nos necesitamos unos a otros, personal e institucionalmente. Observemos cómo, en el mundo de hoy, industriales, comerciantes, empresarios, pasan por encima de diferencias y se unen para ganar un sitio propio, para consolidar ese sitio y hacerlo crecer. Con más razón, pienso, deberíamos unirnos quienes no buscamos el lucro sino mejorar la calidad de vida de quienes no ven o tienen baja visión. Somos una minoría en la sociedad. Sumemos lo que cada uno sabe, piensa, sueña y seamos una macro-organización, una confederación que mantenga las naturales identidades que como persona, grupo, profesión, ocupación somos pero que, al mismo tiempo, sea herramienta para llegar globalmente al niño y al joven para entenderlos como son: una totalidad en sí mismos, una totalidad de la que sólo ellos son dueños y a la cual nosotros podemos contribuir a forjarse, consolidarse, a crecer.

Hagamos realidad el lema de esta Décima Conferencia del ICEVI: "Avancemos juntos" Cuando el próximo siglo, volvamos a encontrarnos en Holanda para la undécima conferencia y el cincuentenario del Consejo, que seamos más nosotros y menos yo.

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